remerita de algodón

Quiero ser tu remerita de algodón.

Quiero quedarme atrás y mover sin gracia mi cabeza al compás de tu boca, quiero cruzarme de brazos y mirarte para deslumbrarme y aburrirme ante la nada y el todo que sos. Quiero mirar el piso y sentirme orgullosa de mí y de vos.

Quiero ser tu remerita de algodón y que mi cordón nos una siempre y así pueda seguirte, muchos muchos pasos después, para alentarte y creer que me estás escuchando.

Quiero ser tu remerita de algodón y dar saltitos de alegría cada vez que me dejás creer que entiendo, cada vez que me felicitás porque avanzo un poquito más en el camino que marcaste, cada vez que me acariciás la cabeza y sonreís.

Quiero ser tu remerita de algodón y levantar una a una de las migas que tiraste, escuchar esas teorías diletantes, maravillarme y bostezar.

Quiero ser tu remerita de algodón para que brilles conmigo, para que te vean y digan, claro, él tiene una remerita de algodón, eso no falla… Quiero que limpies tus manos y seques tu transpiración en esta remerita, quiero que esta remerita te prepare la comidita cada noche.

Quiero ser tu remerita de algodón: amplia, insulsa y abrigada. Que no te engañen mis cortas mangas, esta remerita siempre te tapa.

Quiero cerrar los ojos y ser tu remerita blanca, muy blanca. Quiero caminar como cangrejo a los costados de tu vida. Quiero que vuelvas a mí después de cada desvío, de cada aventura, creer que nadie conoce mi secreto, usar blanqueador cada mañana.

Quiero ser tu remerita de algodón, tu eco y tu espejo. Que te veas maravilloso en mí, que mires tu remerita y pienses en meter la mano por debajo, aunque esperes encontrar aquella otra piel que te seduce.

Quiero ser tu remerita de algodón, pretender mil cegueras y jugar a la escondida con las sombras de tu espalda. Mirar alrededor y creer que está vacío, esas multitudes que te estimulan, gimiendo tu nombre, encubriendo mi encierro.

Quiero ser tu remerita de algodón y no ver las sábanas recién cambiadas.

Quiero ser tu remerita de algodón y que mi calidez sea el lecho donde derramás tus ilusiones ajenas, que mis piernas sean la guarida del calor de otras piernas, quiero ser tu remerita de algodón de todos los viernes a la noche y las tardecitas de domingo.

Quiero ser tu remerita de algodón y que me digas que está bien, que está todo bien. Y así compartimos un poquito más de hipocresía, como cuando me abrazás antes de dormir o me despedís con un beso a la mañana.

Quiero abrir los ojos y ser tu remerita y no ver que ya no soy nada, nada más que un recuerdo presente, nada más que una estampita a la que le rezás todas las noches para que te bendiga y te proteja del mal, de la incertidumbre de esta vida.

Comentarios

anyu ha dicho que…
decime anita,
dónde se encargan las remeritas de algodón?
y porqué -para algunos- es tan difícil conseguirlas?

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