Piso 17

Timbre. Segundos de espera. Se abre la puerta a otro mundo donde estás vos. Y estoy yo. Hay sombras.
Me siento en el piso, contra el sillón gastado, testigo y cómplice de los revolcones de nuestros cuerpos y de otros, confidente ahora de mis palabras.
Te invito a sentarte conmigo. Intentás besarme y te esquivo. Casi upa, me siento entre tus piernas, con mis brazos rodeo tu cuello. Me escondo de mi vergüenza, de mi dolor y de las sombras que nos están mirando.
Acerco mi mano a mi boca, acerco mi boca a tu oreja. Atrapo tu mano, me mirás y te dejás hacer. La llevo hasta abajo, apenas la apoyo sobre mí, y te susurro “hoy, ahora, es tuya”. Un roce mínimo por mi cuerpo, suben apretadas hasta mi frente, tus dedos apenas lo notan “hoy, ahora, es tuya”. No te miro cuando bajan hasta mi pecho y suspiro “hoy, ahora, es tuyo”. [como esta lágrima]

Silencio. Puedo ver tu silencio y tu cabecita tratando de entender. Escucho mi risa y veo mis manos revolviendo tu pelo y te beso detrás de la oreja. Cierro los ojos, cabeza atrás. Se escucha lejos la música, se siente adentro. [come back]
Por unos momentos no hay nada más que mis manos, mi boca, los botones del pantalón…

La luz molesta, nos muestra esas sombras que negamos cuando cruzo la entrada. Vamos al cuarto.
Ahí no hay calma, no tenés medida, porque la oscuridad nos vuelve impunes. Ojos entrecerrados, media sonrisa en el rostro; descifro tus señales, tu placer.
Esas palabras…. No entiendo lo que decís. Estás hablando de mi cuerpo, no? No estoy ahí: No me viste, me metí entre tu pelo, en cada uno de ellos, y recorrí tu piel desde adentro, para sentirte todo, para saberte hasta en el más íntimo detalle de imperfección. Quise ir llegar a lo insondable, ver tu alma. Por un momento pensé que la puerta se abría.
“cómo me calentás, mirá cómo me la ponés”

Una vida llena de acrobacias y contoneos. Una sonrisa y una ironía. Una palabra llena de vacío. Imposibles las mentiras pero sabé que los silencios gritan verdades aunque creas que ocultan tus secretos.

Ya estoy cerca. Ahí estás vos. Gracias por esperarme de nuevo.
(Y ahora qué hago? Me contengo otra vez? Ya no, por favor, no más. Por favor, no. NO.)
Dejame gritar y temblar y hacerme pis y llorar.
Dejame sentir que nos estamos quemando. Dejame sentir que me derrito, que ya no nos separa la piel. [Pucha! – vos de nuevo- otra lágrima]
Ya no aguanto el grito y me ves moverme, ahora arriba tuyo, sin poder frenar, confesando con mis manos, llorando con mi cuerpo, besando con mis ojos nuestro silencio.

Te será difícil fingir esta vez? Espero tu intento.
Como siempre, me alejo. Volvés a acercarte a mí y simulás, como siempre, una intimidad que no tenemos. Abrís la boca, es la hora de la intrascendencia, casi lo lográs. Pareciera que te decidiste, al fin. Me preguntás cómo estoy.
Voy a sorprenderte.

Me siento contra el respaldo de la cama. Te acomodás cerca de mí. Con el mismo movimiento ponés en su lugar algo que tiramos recién. Esa imagen nos devuelve al mundo y a las sombras. La oscuridad te traiciona y tu tonta felicidad post coito no te deja notarlo. La intuición no es tu fuerte, igual ahí está, tratando de avisarte. Pero no. Nop, no. Tengo ese efecto en vos, te dejo medio aturdido.
Te invito a sentarte al lado mío, ampararte de esa luz finita que se mete por la puerta entrecerrada. Las persianas bajas apenas me dejan percibir tu carita pero no necesito luz para ver. Tu luz, mi luz, todavía titila en las gotas de tu transpiración. Quiero ir despacio y disfrutar el momento.
Vuelvo a meterme entre tus piernas, casi upa. Acerco mi mano a mi boca, mi boca a tu oreja. De nuevo susurro en secreto, pero esta vez no es para esconderme, es para que no te asustes y te duela menos [ahora me doy cuenta que puede dolerte]. Me das la mano, como si supieras, y sonreís. No lo esperaba.
Bajamos tu mano, me sentís húmeda todavía. “A partir de ahora, es sólo mía”. Me mirás, sabés qué sigue, mi frente, ya no susurro; “a partir de ahora, es sólo mía”. Caen lágrimas, son mías. Ya no tengo más fuerza. Te amo y te beso en la boca. Hundo tu mano entre mis pechos, con fuerza [va a dejar más marca que el moretón] y me duele, me asfixia adentro, me quema afuera y me duele, me duele, duele. Hace mucho, Te miro a través de mi llanto y te aseguro que a partir de ahora cada uno de esos latidos, cada uno de los pedazos que quedan de lo que ahí había, son míos.

Y ya no te miro. Busco mi ropa y voy al baño. Me visto. Mis anteojos, mi cartera. Sé que estás ahí, sé que estás esperándome en la puerta. Trato de abrir y no puedo, no sé si son las lágrimas, no sé si es que mis manos ya no son mías y se quieren quedar acá.
Abrime. Dejame salir.
Sé que estás ahí. No te veo, te das cuenta? Ya no te veo. Pero sé que estás ahí.
Salgo. Antes de que se cierre la puerta escucho una risa tenue. Sé que no sos vos. Las sombras.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Genial... por cada lágrima que contaste, te regalé una. Las imágenes me dieron un bife de ida y vuelta.
Gracias por permitirme, que surfeando por la web, me tope con estas cosas que tanta falta hacen.
Voy a volver... (lágrima)

GoNe

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